miércoles, 30 de septiembre de 2015

Los bombarderos nazis que se estrellaron en Lérida

Avión alemán accidentado en el año 1944 cerca de Sort 
Las montañas del Parque Nacional de Aigüestortes siguen guardando secretos relacionados con la Guerra Civil Española y con la II Guerra Mundial que no siempre pueden resolverse. Aunque nuestro blog se centra básicamente en la contienda de nuestro país, en esta ocasión nos vamos a permitir la licencia de enfocar nuestro artículo hacia el conflicto que asoló Europa entre 1939 y 1945. 

De todos es conocido que cientos de aviadores abatidos estadounidenses, ingleses y canadienses llegaron a España atravesando el Pirineo Catalán y huyendo de los alemanes. Se han escrito muchos libros y artículos relacionados con estas heroicas evasiones con las que se buscaba la neutralidad de nuestro país. Sin embargo, no suele ser de dominio público el hecho de que varios aviones de combate, cayeran en territorio español durante la II Guerra Mundial. Los hechos que en su día fueron ocultados por las autoridades franquistas, han vuelto a ver la luz gracias al pequeño librito que publicó un empleado de banca jubilado, llamado 'Avions Alemanys caiguts al Pallars sobirá durant la II Guerra Mundial'. Josep Pla es el magnífico escritor que escribió este libro que hemos podido adquirir recientemente. 

El libro, muy recomendable para aprender como se realiza una investigación de carácter histórico, explica primeramente la historia del bombardero DORNIER DO-217 E4. La madrugada del 24 de agosto de 1943, un bombardero alemán DORNIER DO-217 despegaba de la base aérea de la Luftwaffe de Villaroche, muy cerca de París, para realizar un vuelo de reconocimiento. La tripulación estaba formada por cuatro militares alemanes entre pilotos, copiloto, operador de radio y artillero (ninguno superaba los 30 años de edad). 

Gracias a sus contactos con los diferentes archivos militares alemanes y españoles, Josep Pla consiguió saber que aquel vuelo de reconocimiento del DORNIER DO-217 no pudo regresar a su base. Tras hora y media de vuelo, estando en el sur de Francia, los mandos del bombardero empezaron a fallar. Era una noche tremendamente oscura y en unos minutos los dos pilotos se quedaron totalmente desorientados. Sin perder la calma, el comandante trató de enviar un SOS por radio, pero el sistema de comunicaciones también había fallado (¿un sabotaje?). El avión trató de descender altura para buscar luces similares a un aeródromo pero nadie vio absolutamente nada por dos motivos: 1) La noche era muy oscura 2) Sin saberlo los pilotos, el avión estaba a punto de adentrarse en España en una zona montañosa: la comarca de Pallars. 
Un DORNIER DO 217 preparado para el despegue


Conscientes de que hacerse con las riedas del avión era una misión imposible, los cuatro miembros de la tripulación del DORNIER DO-217 decidieron saltar del paracaidas, dejando que el avión siguiera su rumbo hacia las montañas donde posiblemente terminaría estrellándose sin nadie dentro. Tres de los tripulantes del bombardero llegaron a tierra sanos y salvos, sin embargo, el operador de radio Alfred Gidler, de 25 años, no tuvo tanta suerte: su paracaidas no se abrió y el murió en el acto. Pese a lo escarpado del terreno, los supervivientes consiguieron llegar a pie a la localidad francesa de Bidarray, a escasa distancia de Baiona. 

Día 5 de septiembre de 1943. El alcalde Espot, un pequeño pueblecito de Lérida que por aquel entonces tenía 300 habitantes, acompañaba a un buen amigo suyo a hacer una ruta por la montaña. Cuando se dirigían a un pequeño refugio situado en lo alto de una cresta, el alcalde comprobó que sobre el suelo había rocas  quemadas y restos de algo que parecía metal. Siguieron caminando dirección norte y a los pocos metros se encontraron con lo que parecía el ala de un avión. Casi sin darse cuenta comprobaron que en un radio de lo más escaso había cientos de restos del bombardero alemán desperdigados por toda la cresta que desde ese día empezó a ser conocida como la 'Cresta del avión'. 

A pesar de que el alcalde de Espot dio aviso del hecho a la Guardia Civil, que se personó en la cresta el día 07 de septiembre, en las jornadas siguientes se desplazaron hasta la Cresta del avión cientos de aficionados a la montaña para ver los restos y llevarse algún pedazo de la aeronave de recuerdo. Todavía hoy algún aficionado a la montaña puede encontrar algún resto en la zona en la que se estrelló el aparato. 

Finalmente el Ejército del Aire se personó para averiguar lo que había sucedido estableciendo un perímetro de seguridad para evitar el pillaje de los montañeros aficionados. Al no encontrarse restos humanos en las inmediaciones del avión, los investigadores militares hicieron un informe en el que se aseguraba que el avión se estrelló sin tripulantes. Gracias a su investigación, Josep Pla ha confirmado que el bombardero nazi voló sin tripulantes varios kilómetros adentrándose de lleno en España, hasta que se estrelló. Los aviadores alemanes saltaron en paracaídas en la zona francesa. 

Josep Pla ha intentado contactar con los supervivientes del DORNIER DO-217 y no tuvo fortuna. En las diferentes hermandades militares germanas le dijeron que previsiblemente los  tres tripulantes del avión siniestrado en España no llegaron con vida al fin de la II Guerra Mundial. El radioperador Alfred Gindler, que murió después de que no se le abriera el paracaidas, estuvo enterrado inicialmente en el cementerio de St Etiene y ahora se encuentra en el cementerio militar alemán de Berneuil.

Un Junkers Ju 88 estrellado en Enviny

Otro de los casos que más nos han impactado de aviones caídos en la zona de Lérida durante la II Guerra Mundial, tuvo a un JUNKERS JU 88 como principal protagonista. Corría la primavera de 1944 cuando los vecinos de Enviny, localidad perteneciente ahora mismo al término municipal de Sort, escucharon un impacto  en la montaña. Hasta días después no pudieron comprobar con sus propios ojos que aquel ruido ensordecedor había sido el accidente que había sufrido un bombardero alemán JUNKERS JU 88 en la zona de Font Cabrista. 

El avión era un bimotor germano pilotado sorprendentemente por una persona. A las autoridades que se desplazaron hasta Font Cabrista les sorprendió encontrar tan sólo un cadáver cuando el avión puede tener hasta cuatro personas como tripulantes. Además, diferencia del caso anterior, los restos del JUNKERS JU 88 no estaban tan desperdigados y tenían un tamaño mayor. 

Existen fotografías en el libro de Josep Pla que demuestran que el avión era cien por cien germano ya que aparece en una de las imágenes una Cruz Gamada. 
Aviones JUNKERS 88


La caída de aquel avión nazi sobre la montaña de Lleida sigue siendo un misterio aunque las hipótesis que barajó tanto el Ministerio del Aire franquista como la embajada alemana en España se aproximaban al “terrible accidente”. Aparentemente, el piloto, cuya identidad nunca se ha podido dar a conocer, podría estar haciendo unas pruebas con el avión que estaba cargado de bombas. 

El impacto contra el suelo provocó un cracter de al menos tres metros de profundidad que todavía hoy puede vislumbrarse 71 años después de que terminara la II Guerra Mundial. El cuerpo del piloto estaba desmembrado y algunas partes se encontraban carbonizadas. Su cara estaba totalmente desfigurada por lo que nunca pudo ser reconocido. Unos vecinos de la localidad recogieron su cadáver que fue enterrado en el cementerio de Enviny, gracias a un ciudadano anónimo que cedió un nicho propiedad de su familia. En la lápida se podía leer algo así como “aquí yace un soldado alemán desconocido”. 

Años más tarde, la embajada de Alemania en Madrid decidió trasladar los restos de este aviador de Enviny al cementerio militar germano en la localidad extremeña de Cuacos de Yuste. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario